El dolor crónico, los trastornos funcionales de regulación neurovegetativa y diversas condiciones musculoesqueléticas representan actualmente uno de los principales retos clínicos dentro de la medicina contemporánea. El incremento sostenido de pacientes con síndromes dolorosos persistentes, fenómenos de sensibilización periférica y central, alteraciones miofasciales y cuadros clínicos multifactoriales ha impulsado la búsqueda de modelos terapéuticos complementarios orientados a la modulación funcional del sistema nervioso periférico y autónomo.
Dentro de este contexto, la terapia neural ha mantenido una presencia histórica relevante en distintos países de Europa y Latinoamérica, particularmente en escenarios relacionados con dolor musculoesquelético, neuralgias, alteraciones funcionales y procesos clínicos de difícil control sintomático. Sin embargo, la enseñanza formal de estas técnicas ha evolucionado de manera desigual, existiendo actualmente una marcada heterogeneidad en: calidad académica, criterios clínicos, bases fisiológicas, protocolos de seguridad, alcance terapéutico y delimitación ética de competencias.